Now you're away
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Humf!
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miércoles, 12 de agosto de 2009
miércoles, 5 de agosto de 2009

Ultima publicación "Una historia sobre sueños -Tercer Fragmento-"
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Una historia sobre sueños -Primer fragmento-
Una historia sobre sueños -Segundo fragmento-
miércoles, 10 de junio de 2009
Una historia sobre sueños -Primer fragmento-
No hace mucho sufrí de un sin fin de extraños sueños, uno tras otro, día tras día. Esto marco inevitablemente una época de mi vida, la época de los sueños, ya que no solía tener tantos ni tan seguidos.

Los sitios estaban mesclados ya estaba en un parque que conocía pero no era solo el parque era al mismo tiempo el colegio donde estudie en mi infancia; en el sueño, se me acercaba un hombre alto por la espalda y me toma del cuello con fuerza, y comienza a asfixiarme, recuerdo la desesperación, aunque fuera un sueño podía sentir la necesidad de respirar y un morbido placer que me invadio, después de eso el tipo me soltó y caí al suelo, sintiendo aun sus manos en mi cuello, puedo recordar la sensación de los guantes de cuero rígido parecidos a los usados en construcción al rededor de mi cuello, me levante con ira, con odio, pues siempre he sido una persona agresiva, y quería destruir a golpes al maldito y el estaba ahí, parado, viéndome , no tenia rostro, solo se podía ver el color y la forma de sus ojos, eran ojos amarillos que transmitían esa sensación de desespero e impaciencia, sensación que solo ciertos perros han llegado ha transmitirme cuando están peleando o agonizando.

Entonces prepare mi puño para enseñarle una lección al maldito y puse toda mi fuerza en el, la que tengo y la que nunca he tenido. Pero algo paso; mi mano solo se levantaba a la altura de mi pecho. Estaba ahí en frente de mi casi que mostrándome la mejilla en la cual quería que lo golpeara y no podía, mi puño no se movía, aunque quería destruirle el rostro mi mano no respondía era como si la halaran hacia atrás cada vez que intentaba darle su merecido a ese idiota y las lagrimas brotaron de mis ojos, fue inevitable me sentí vencido, rendido de no poder decidir sobre mi mismo, impotente, patético. Me rendí en mis rodillas y lloré, y desde el suelo podía ver la excitación en sus ojos, podía sentir la sangre fluyendo rápidamente por sus venas, su emoción y sus ganas de que yo venciera mi atadura y le enseñara una lección, entonces desperté inundado en lagrimas secas y con esa sensación horrible que jamás se irá de mi, el sentir lo que es no tener fuerza en el puño.
Una historia sobre sueños -Segundo fragmento-
Después de eso vinieron días y días de sentir la angustia, sentir el miedo de que si tuviese que enfrentarme a alguien en la vida real no tuviera la fuerza para hacerlo, y en mis sueños se veía retratada mi inseguridad, soñé en varias ocasiones con peleas en las cuales yo participaba y muy contrario a como soy en la vida real no quería pelear, tenia miedo, me sentía vulnerable; conozco personas que dicen que no se atreverían a pelear con alguien porque pelear no esta a su altura y que el hacerlo seria rebajarse al nivel de su contrincante, yo pienso que pelear es no solo rebajarse al nivel del contrincante es darse cuenta de que somos iguales y reconocerlo como persona, darle la oportunidad de demostrar la valía de su existencia. Me sentía desamparado como un vagabundo, las calles que tanto tiempo habían sido un lugar seguro para mi ya no lo eran, sospechaba de cualquier persona en un callejón solitario y sospechaba aun mas si sentía el peso de su mirada en mi espalda. Eventualmente nunca sucedió nada y no tuve ningún encuentro no deseado ni ningún altercado que requiriera de alzar mi puño, el tiempo paso y recupere la confianza y la seguridad en mi instinto (no de sobrevivir, sino de vengarme).
Aun así me sentía vacio, los sueños no paraban pero habían dejado de ser un acontecimiento, estaba empezándome a acostumbrar pues todos tenían una forma similar y ya eran solo la constante molestia inherente a dormir; hasta esa noche.
Soñé estando en un espacio vacio, un fondo blanco que se extendía hacia el infinito, estaba desnudo, me sentía ligero, podía moverme con libertad y se sentía una brisa fría; algo ocurrió y ese fondo blanco se torno negro por un instante, y podía ver mirando hacia arriba miles de estrellas en movimiento, era una noche absoluta (de esas de las cuales estoy seguro nunca veré en mi ciudad) contrario a cuando estaba en el fondo blanco con este fondo sentía un calor sofocante (excitante).
Las estrellas que se movían empezaron a agruparse y hacían figuras, era un hermoso baile; luego al fijarme mejor me di cuenta de que no estaban tan lejos como aparentaban, estaban realmente cerca de mi y pude ver sus colores y sus formas, pude hacer la aclaración de que no eran estrellas, eran cristales; había uno en especial realmente activo, se movía demasiado, era un cristal que emanaba una luz purpura y tenia una forma puntiaguda que me llamaba realmente la atención, por un momento los demás cristales dejaron de importarme y solo puede fijarme en ese. En ese momento algo sucedió, apunto hacia mi dirección, y me asuste, era como si sintiera mi mirada, entonces deje de mirarlo y fije mi mirada en otras partes, pero ahora el era quien buscaba la dirección de mis ojos y todo cambio, el fondo cálido desapareció y estaba de nuevo en el desabrido espacio blanco y el frio de nuevo hizo presencia. Ya no estaba ningún cristal a excepción de ese, se movía muy despacio ahora, se movía en mi dirección y yo solo quería huir, el miedo revivió y no quería volver a sentir la impotencia de no poder defenderme, de no poder hacer nada.

Y me abandone, tuve la fuerza para no dudar, para dejar de temer, para saber y me lance sobre el cristal y lo sostuve fuerte con mis manos, empezó a brillar y ese destello purpura era cálido, era muy reconfortante y el frio se fue de nuevo era como estar en una burbuja que me cuidaba de frio de afuera; durante ese breve espacio de tiempo fui feliz no quería despertar quería morir ahí, me sentía victorioso porque al abandonarme había encontrado algo agradable.
Solo en ese momento mientras sostenía el cristal me fije en mis manos, las cuales tenían un color vino tinto muy oscuro; sentía que habían pasado años estando allí, suavemente el cristal se soltó de mis manos y se movió lentamente lejos de mi, aun sentía la calidez, la burbuja estaba intacta, se siguió alejando y justo en la zona que delimita la burbuja se detuvo un instante, breve y caprichoso, en el cual pude notar que el cristal tenia impregnado el vino tinto de mis manos y mis manos estaban impregnadas del purpura de su brillo; luego rompió la burbuja y se fue, la calidez se había ido y el frio me despertó de mi sueño.
Una historia sobre sueños -Tercer Fragmento-
No podía olvidar la sensación, detesto saber lo reconfortante que es tener algo que no tengo, solo podía pensar en ese sueño, en el cristal, no mío pero sí para mí. En mi vida nuca sentí tal calidez como la que sentí en aquel sueño, esta fue la primera vez que mis sueños me regalaban una agradable sensación; pero las noches pasaban y no podía volver a soñar con él, sólo abominaciones indeseables aparecían en mis sueños, quimeras imperfectas y malformadas de mi intención, ilusiones una tras otra de lo que quería, pero siempre falsas. Mi obsesión pasó a interferir con mi vida: llegaba a mi casa ansioso por acostarme, quería dormir y en mis sueños poder encontrar esa paz que nunca había tenido en mi vida, buscaba e investigaba respecto a cada uno de mis sueños, pero siempre el resultado era confuso. Quería provocarlo, quería a como diera lugar volver a soñar con él y con su destello que me hacía sentir completo y así seguí por varias noches.
Cuando buscas algo desesperadamente todo lo demás pierde importancia. Mi vida fuera de los sueños era sólo el tedio de no estar buscando lo que quería y lo que necesitaba. Siempre he sido alguien muy solitario, mi ausencia no molestaba a nadie y soy alguien fácil de olvidar, así que sencillamente podía desaparecer y nadie lo notaria; pero en mis sueños yo era el centro de todo, todo tenia que ver conmigo y por lo menos en mis sueños tenía un objetivo, una meta: quería encontrarlo.
Hubo un sueño que recuerdo claramente, que me hizo pensar en cómo debería ser mi vida y pensar qué camino estoy tomando; despertaba y era de día, el techo no era el techo de mi habitación, el aire y el ambiente eran para mí completamente desconocidos.
Levanté una mano para pararme de la cama y pude fijarme en que no era mi mano, ese no era mi cuerpo; a mi lado dormía tranquila una mujer hermosa, de edad adulta pero que nunca había visto. No me sorprendía en lo más mínimo, yo no controlaba las acciones en este cuerpo, yo era solo un espectador en primera persona de todo lo que sucedía; la habitación donde me encontraba era grande y espaciosa, entraba el aire y tenía una vista increíble de un barrio al parecer lujoso, era como se suponía que debería ser; estaba decorada con un estilo que me gusta definir como hogareño-barroco, ya que todo estaba sobrecargado de recuerdos familiares y fotografías de una familia feliz en toda clase de situaciones con sus grandes sonrisas adornando sus perfectos rostros, como se suponía que debía ser. El cuerpo salió de la habitación y a manera de ritual matutino se dirigió al baño y se duchó. No me sentía ni asustado ni sorprendido, era como si ya supiera todo lo que iba a hacer este cuerpo voluntarioso en el que me encontraba; pude ver cuando se miró en el espejo que una enorme sonrisa de oreja a oreja adornaba su rostro; salió y volvió a la habitación a cambiarse mientras esa mujer que se encontraba en su cuarto se levantó dejando ver en su rostro una expresión de plenitud y empezó a hablarle suavemente al cuerpo; éste sólo la miraba y asentía mientras se colocaba cuidadosamente su ropa.
La sensación que causaba la sonrisa se intensificó, podía sentir el estiramiento forzado de la piel; salió de la habitación y caminó por el pasillo que llevaba a las escaleras. Todo en la casa tenia esta estética sobrecargada de intención familiar y perfecta, el olor del aire era suave y se podía notar el aroma floral producto de la limpieza exhaustiva y diaria de la casa, como se supone que debe ser. Había dos niños jugando en la sala, una niña y un niño un poco mayor; apenas vieron al cuerpo con su sonrisa se lanzaron encima de él, abrazando lo que sus pequeños brazos les permitían. La sensación se hizo exageradamente fuerte, la sonrisa empezaba a ser dolorosa, sentía la carne entumecida a punto de desgarrarse; si yo hubiese tenido control sobre ese cuerpo habría intentando arrancarme los labios, era insoportable, yo no podía oír lo que sucedía alrededor, sólo sentía las sensaciones que el cuerpo sentía. La niña llorando le dijo algo al cuerpo, éste puso su mano sobre su cabeza y sentí cómo los labios del cuerpo se movían y por el entrar y salir de las pequeñas corrientes de aire en la boca supe que decían "tranquila todo está bien, fue sólo un sueño, yo jamás me iré de su lado...". En ese momento la sensación estalló: sentía como si dos ganchos metálicos llevaran las comisuras de mis labios hasta la parte posterior de la nuca, el calor de la carne estirada por esa horrible sonrisa era como quemarse con ácido, me tenía al borde del desespero, quería irme, quería dejar de sonreír, pero todo era como se suponía que debe ser, todo era perfecto. El cuerpo salió de la casa y afuera todo era estéticamente agradable, las calles eran limpias y los jardines tanto de esa casa como las aledañas eran hermosos; el cuerpo caminó hacia un rosal de su propio jardín, tomó una rosa entre sus manos y sonrió aún más; esta vez creí que moriría, sentía los músculos de las mejillas desgarrándose y rompiéndose uno a uno, sentía que corría la sangre y se mezclaba con la saliva de la boca, se deslizaba suavemente por el mentón y de nuevo todo era ardor, un ardor ácido y mórbido, todo empezó a vibrar, sentía que quería destruir todo lo hermoso que había visto atrás, todo lo que era como se supone que debe ser, ya no quería más que aplastar la rosa entre mis manos, quería dejar de sonreír, nada más, quería romper con mis manos cada cuadro de la familia feliz que nunca tuve, de los momentos hermosos que jamás podré hacer sentir, de aquellos bellos paisajes que jamás conoceré, quería quemar con cigarrillos encendidos las hermosas manos de los hermosos niños que jamás podré criar, quería respirar humo.
Desperté aún con intenciones en mis manos, me invadió una repugnancia por las sonrisas fingidas, por las personas que piensan en tener una hermosa pareja, una hermosa familia, en la realización del hogar que nunca han tenido, sólo porque eso es lo que se supone que se debe tener: se supone que debemos amar a nuestras parejas, se supone que deberíamos ser felices con nuestros hijos, se supone que nuestros jardines llenos de flores deberían parecernos hermosos, y se supone que debemos sonreír si tenemos todo esto. Durante días no pude pensar en ninguna otra cosa.
viernes, 1 de mayo de 2009


