Estoy cansado de oír tras la puerta cómo se difumina el sonido. Yo no soy de los que se esconden pero prefiero no hacer parte de ciertas cosas en mi vida, en especial de las que me rodean. Sólo quiero que mis sueños me coman y no me dejen despertar… En este momento ya no me importa si es o no el sueño que yo deseo, no me importa si es el sueño que anhelo, sólo quiero que me coman los sueños y no me dejen despertar… Nunca me he sentido mas libre que cuando sueño, la luz se dobla y la física pierde sentido.
Llevaba varias semanas sin dormir y lo hice sólo para que el momento en el que por fin durmiera tuviera que soñar con aquello que tanto quería. Ya me había dejado de importar su apariencia de cristal, sólo quería repetir la sensación (la adicción sucede por no tener la sensación que te gusta; como no la sientes la buscas y cada momento en el que no la sientas la buscarás, la adicción sucede por la ausencia del vicio). Era algo pasajero en mi pensamiento, suponía que si lograba soñar con él, cesaría mi ansiedad.
Retomé el estudio de los sueños y qué se podía hacer para estimular la repetición y descubrí algo muy interesante sobre la naturaleza humana y su obsesión con el descansar: ¡se supone que dormimos para eso! Los seres humanos hemos desarrollado un juego enorme de roles y máscaras al que le llamamos sociedad; en esta sociedad lo que importa es la acumulación de habilidades para sobresalir de entre las demás personas y así, con una cantidad de "tiempo acumulado" dedicarlo al esparcimiento. Me explico, llevo a cabo mis estudios universitarios para tener un estatus mayor al de un estudiante normal, después adquiero experiencia trabajando para sobresalir más que un trabajador normal; luego el gasto en tiempo y esfuerzo se ve recompensado con tiempo de descanso. En conclusión, lo único que buscamos sin descanso es el descanso. Eso era algo que no me inquietaba pues podía comprender cómo funciona el sistema, lo que me inquietaba era cómo se había creado… ¿Qué en este mundo nos pudo haber llevado a adornar nuestras necesidades fisiológicas con tanta parafernalia inútil?
Si nuestra vida consistiera sólo en satisfacer nuestra necesidad de defecar, comer y dormir, vivir estaría muy bien para todos (claro está, sin olvidar nuestra necesidad sexual). Todo seria plausiblemente más sencillo y no existirían tantos problemas de los cuales se queja ahora la sociedad moderna, ¡Pero por el contrario jugamos! y como niños pequeños nos ponemos el disfraz de dentista, lo acompañamos con un discurso argumentado y damos rienda suelta a nuestro rol. En algún momento las personas dejamos de ser sólo personas y adquirimos etiquetas por lo que hacemos, salimos de un socialismo cavernícola a un extremo-capitalismo moderno; tú ya no eres solamente tú, eres todo lo que eres capaz de hacer y de nuevo todas esas habilidades se enfocan en acumular tiempo que después utilizarás para descansar. ¿Para qué trabajas? (para descansar). ¿Para qué estudias? (para descansar). ¿Para qué te esfuerzas? (para descansar).
A diferencia de todos yo juego este juego de rol de una manera un poco diferente. Yo anhelo el caos y lo admiro, no busco salir del sistema con mi pensión psicológica que me permita descansar; yo adoro el caos que me otorga la sociedad y lo aprecio, yo me interno en los más profundos dilemas filosóficos aun teniendo ganas de masturbarme, porque es una forma diferente de masturbación, la masturbación intelectual. Admiro mi juego de rol, tanto, que a veces puede llegar a estar por encima de mis necesidades fisiológicas. Yo no acumulo tiempo para usarlo luego, yo uso mi tiempo y lo consumo a cada instante que pasa, yo adoro la eficacia coja que acompaña la actividad humana, porque yo desearía el infinito caos antes que esa condenada y perezosa paz, desearía mil veces recibir la fuerza total de la tormenta, antes que cerrar los ojos y perderme, así sea por un segundo, tan hermosa y perfecta fuerza destructora, poder admirar el ojo de la tormenta y sentirme completamente extasiado por el poder de tan cautivadora y caótica creación; esto para mí vale mucho más que ese banal y ocioso descanso.
- ¡No quiero recordarlo! –pensaba.
No quería recordar lo confortante que era, no me bastaba con recordar, necesitaba sentir, recordar sólo ahondaba la herida… ¿Recordar es vivir? ¡pfff patrañas! Sólo desquebrajaba un poco más la máscara de cordura que llevaba mi rostro. Mis días comenzaban en una biblioteca con Sigmund Freud y Gustav Jung. Para estimular mi creatividad dibujaba y escribía cuanta cosa pasara por mi cabeza. Llevaba conmigo una gigantesca colección de somníferos y plantas que inducen sueño, para en el momento en que me sintiera listo, si no llegaba a conciliar el sueño, provocármelo. Cada vez me sentía más parecido a un vagabundo cargando consigo lo que necesita para vivir. Antes de investigar el Psicoanálisis tuve que pasar por una cantidad enorme de conocimientos sobre prácticas fantásticas e interpretaciones astrológicas de mis sueños; resultó ser que mis abominaciones nocturnas significaban, según estos métodos, que me esperaba un futuro espléndido y brillante en el amor y los negocios. Después de leer eso decidí acudir a la ciencia; una gama mucho más grande de posibilidades y explicaciones me otorgaba el psicoanálisis: entendí las pulsiones que afectaban mi comportamiento, lo que es en sí un sueño y que no siempre tiene un significado, pero algo aun seguía sin encajar… Aprendí que los sueños son la reelaboración de la información que acumulamos y que a menudo tienen relación con las experiencias vividas más recientes; pero yo nunca había sentido algo siquiera parecido a lo que había sentido cuando tenía mis sueños. No era lógico, sé que los eventos los puedo imaginar, las cosas las podía recrear pero las sensaciones jamás las había sentido antes, no tenia registros en mis recuerdos de alguna sensación parecida y en esto la ciencia flaqueó para explicar lo que me sucedía.
Decidí adentrarme en un ambiente más hostil en busca de conocimiento popular: fui al centro de la ciudad con una sed increíble de conocimiento y habladurías, pues quería escuchar cuanta historia estúpida tuviera que contarme alguien respecto a los sueños. Me pude dar cuenta de que no todo el mundo es tan compresivo como yo esperaba, al parecer no a todos les atrae el compartir sus divagaciones, supongo que era algo muy personal para ellos o yo era demasiado insistente. Terminé saciando solamente la sed de mi garganta y escuchando la historia de un sujeto en un bar, no acerca de sueños, pero en vista de mi derrota como conversador, escuchar a este triste sujeto era lo único que me podía hacer sentir no tan vencido. El tipo me contaba su vida pasada en la que era un conquistador insaciable y no había mujer que pudiera resistirse a sus encantos, sólo tenía que fijarse en ella para que esa noche el la tuviera de rodillas pidiéndole que derramara algo de su conocimiento sobre ella. Me dijo que era un poeta romántico que había perdido el aprecio por el amor y que había aprendido a disfrutar de placeres abrumadores, pero que las mujeres eran mucho más emotivas y que siempre había una treta o truco que debía usar para lograr hacerle cosquillas a esa pequeña y escondida fibra sensible que abriría las puertas del corazón y las piernas de la mujer en cuestión. Escuché una tras otra las historias de sus trofeos y cuando ya se acercaba el fin de la noche y se veía venir el amanecer casi como clausurando el evento, me contó su última historia.
- Sabes muchacho siento mucho no haberte hablado de sueños pero te tengo una historia que es lo más parecido que recuerdo ahora mismo. ¿Te gustaría escucharla?
- ¡Claro! –dije.
- En cierta ocasión conocí a una mujer espléndida, del estilo exacto que me gusta y me hace sentir conquistador: tenía el cabello rubio y ondulado que me recordaba la delicadeza y feminidad que me hacían vibrar el pantalón. Esta chica no caía fácil en la sarta estúpida de artimañas que yo usaba, entonces decidí hacer algo aun más estúpido pero efectivo.
- ¿Y qué fue eso?
- ¡Le recité una poesía romántica!
- Jajajaja... ¿Y de qué iba esa poesía?
- Era algo tonto que debí haber visto en alguna comedia romántica o en algún libro de poesía rosa... Iba más o menos así:
"Te imaginas un paradisíaco romance,
de fragancias desnudas que se tientan,
de emociones sensuales que se atraen,
de sendos corazones que se entregan...
¿Qué...? respondes dulce y abstraída,
callas... y te fugas en silente fantasía.
Te imaginas un crepúsculo perfecto:
el rey dorado cae, e incendia el mar;
la pasión cae, e incendia los cuerpos,
sólo los dos, y nuestro deseo de amar...
¿Qué...? respondes dulce y abstraída,
callas... y te fugas en silente fantasía.
¡Te imaginas a los amantes selectos
rindiendo pasional tributo a su amor!
¿Qué...? Respondes dulce y abstraída,
y ahora no enmudeces y suplicas:
- “¡Continúa hablando, por favor,
se elevan mis más dulces fantasías
atadas al encantamiento de tu voz!” "
Y con esta tontería la tuve en mi cama toda la noche revolcándose como una adolecente enamorada. Me sentí realmente habilidoso y quise probar de nuevo mi suerte al día siguiente.
- ¿Y cómo te fue?
- Ésa es la parte interesante; al otro día me encontré a esta morena de largas piernas y expresión fuerte, ya la conocía de un club literario al que íbamos juntos, ella leía sus cuentecillos fantásticos y yo leía algo un poco más oscuro.
- ¿Oscuro?
- ¿Alguna vez has oído hablar de los poetas malditos?
- No, nunca.
- Ya te contaré, pero déjame terminar mi historia.
- Está bien, continúa.
- Ella detestaba todo lo que yo escribía y me lo manifestó más de una vez, pero esa noche tenia el firme propósito de tenerla en mi cama, así que intente olvidar los antiguos roces y practicar mi poética y romántica charlatanería que tan bien me había funcionado la noche anterior. Le dije que había escrito cosas nuevas, y le recité el mismo poema que a la chica rubia, ella inmediatamente lo reconoció y me dijo:
- Si tratas de acostarte conmigo por lo menos usa algo que no haya salido de una película.
- No pienses mal de mí, sólo quise atribuir tan empalagosa creación a mi nombre. ¿Tan malo es eso?
- No sé si sea malo, pero eso no deja muy bien tu nombre ni tu imagen ante mí. Quiero que sepas que aunque yo escribo fantasía eso no me hace una creyente y devota de lo romántico, el amor para mí es repugnante.
- Detestas al amor tanto como detestas lo que yo escribo, ¿verdad? -le dije.
- Es muy poco probable que pueda detestar algo tanto como detesto tus textos.
- En ese caso, ¿qué tal te parece esto?
”Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o
como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una
importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento
afrodisíaco o insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una
nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias.
Pero eso sí, y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún
pretexto que no sepan volar. Si no saben volar pierden el tiempo
conmigo”. Y tú querida, no sabes volar, de eso estoy seguro.
- ¡Wow eso es tuyo!
- Sí, lo es y esta noche es para ti.
- ¡Eso no es tuyo! es de otra película, es de otro poeta -le dije interrumpiendo su historia.
- Es cierto, es cierto, no es mío, pero se adecuaba muy bien a lo que estaba pasando.
- ¿Y no era probable que ella se diera cuenta también de ese plagio?
- Déjame terminar y verás.
- Está bien, no interrumpo más.
- ¿En qué me quedé? ¡Ah sí!
- Me encanta -dijo ella.
- Qué bueno que te guste, pero igual sé que no puedes volar.
- ¿Quieres probar si puedo o no volar?
- ¡Nada me gustaría más que retractarme de mis palabras señorita!
Después de eso la tuve en mi casa, en mi cama, en esa misma cama en la que el día anterior había hecho vibrar a esa jovencita y debo decirte algo muchacho.
- ¿Que cosa? –dije.
- Ese fue el mejor sexo que he tenido en mi vida. La carne se mezclaba y no podía saber en qué punto yo dejaba de sentir el final de sus muslos apresados fuertemente contra los costados de mi abdomen, parecía que toda ella era el instante y nada más. Realmente volamos, esa noche volé y después de todo:
- Tú sí sabes volar. -le dije.
- ¿Te retractas?
- De cada palabra, de absolutamente todo.
Sabes, después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? ya me es imposible concebir, ¡ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando! Te quiero.
- ¿De nuevo citando la película? -le dije.
- Ya muchacho, que me dejes terminar. Ella soltó una leve risa y me dijo:
- Yo también. Pero puedo quererte sin tenerte, ¡hemos volado juntos! ¿Que más hace falta?
- ¡¿No me digas que…?! –dije.
- Sí muchacho, ella también había visto la película y conocía al poeta. Nunca la volví a ver. Pero fue genial, esa noche realmente volamos, no la necesité mas, no me hizo falta. Y esa noche dejé de conquistar señoritas.-dijo él.
El sol había salido y me sentía completamente contrariado; ¿cómo era posible que alguien hubiese sentido tan fuerte sensación sin desear por un instante un poco más? Yo solamente había sentido por brevedad lo que anhelaba y aun así quería repetirlo, era dependiente de algo que no poseía. Una infinita tristeza se adueñó de mí y lloré y lloré y lloré y quise calmarme, respiré profundo y miré hacia el cielo y lloré.
Fui a mi casa completamente decidido, ése era el momento, era el instante que estaba esperando, era definitivo, ese día tenía que suceder, ese día soñaría con él, con mi cristal de brillo púrpura y disfrutaría al máximo cada instante. No necesitaba de nada para inducirme el sueño, estaba completamente convencido de que sucedería. Sólo tenía que cerrar los ojos y dejarme llevar y efectivamente esa noche soñé.
Estaba en mi habitación y era de día, al parecer acababa de despertar y de repente una hermosa mujer entraba completamente desnuda, yo me recogía y la miraba; ella sólo se sentaba a mi lado y me ponía su mano en mi rodilla recogida, buscaba mi rostro con su mirada y aun así se encontraba pasiva. Crucé por un instante mi mirada con la de ella y me gustó, era una sensación cálida, era una mirada envolvente. Me dejé caer en su calidez, la miré de nuevo y ella seguía mirándome; tenía los ojos de color marrón claro, y la piel de un color blanco pero torneado, era muy hermosa, era realmente bella pero eso no importaba; era su mirada cálida lo que me importaba, era su cuerpo tibio lo que me reconfortaba. Por fin sucedía, por fin mi espera daba frutos, por fin podía sentirme abandonado a mis caprichos. Este momento era sólo mío; la postré sobre mi cama y me acosté en su regazo, le pregunté dónde había estado y no oí respuesta alguna y no me importo no oírla, solo quise disfrutar del silencio que acompañó ese momento... Fue silencio...... Fue silencio......... Fue un largo, prolongado, elongado y deformado silencio... Por fin lo sentía, ya no estaba buscando, ya lo había encontrado, ella era mi cristal de brillo púrpura, y la tibieza de su piel era su brillo cegador, entonces me impregné de ella hasta que no quedo rincón en mi cuerpo sin haberla sentido. Todo en la habitación estaba saturado de ese calor tibio y acogedor. De repente mis sentidos se mezclaron, podía oír la textura de las sábanas, podía ver los olores de los muebles, podía sentir lo que ella sentía. Y supe que debía terminarlo, no podía seguir sintiendo tan maravillosa sensación si sabía que iba a despertar y volver a tener que estar en el mundo frío esperando alguna vez volver a soñar, preferiría estar en el mundo frío y no tener escape de él, no podía soportar saber lo reconfortante que era tener algo que no tenía. Así que puse mis manos en su cuello y con el mayor dolor que me había atacado alguna vez, la asfixié y sentí todo el dolor que ella sentía, escuché el asco de mis sábanas por lo que hacía, olía el repudio de mis muebles por mis acciones, y sentía la paz que ella sentía. Todo se movía, y las lágrimas salían de mis ojos, mis gritos ahora adornaban mi espacio y sentí como la tibieza se iba de su cuerpo, cómo su mirada que siempre estaba fija en mí se apagaba. Y me dejé llevar, lo empecé a disfrutar, empecé a sentir cómo una fuerza instintiva se posesionaba de mis brazos y ahorcaban con más fuerza a esa mujer, y lo comprendí, comprendí todos y cada uno de mis sueños, supe que yo era quien me asfixiaba, supe que yo sentía placer al fingir mi sonrisa y supe que el cristal no fue más que una ilusión. Todo seguía vibrando, los sentidos cada vez se mezclaban más y más y la forma de aquella mujer empezaba a cambiar, tomaba de nuevo la forma del cristal, y mis manos se cortaron con su filo, tomó la forma de la flor y mis manos la mancharon de sangre, tomó la forma de mí mismo y mis uñas se enterraron en su cuello, y finalmente tomó de nuevo su forma de mujer y vi algo en su rostro que me hizo detener.

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