miércoles, 10 de junio de 2009

Una historia sobre sueños -Tercer Fragmento-

No podía olvidar la sensación, detesto saber lo reconfortante que es tener algo que no tengo, solo podía pensar en ese sueño, en el cristal, no mío pero sí para mí. En mi vida nuca sentí tal calidez como la que sentí en aquel sueño, esta fue la primera vez que mis sueños me regalaban una agradable sensación; pero las noches pasaban y no podía volver a soñar con él, sólo abominaciones indeseables aparecían en mis sueños, quimeras imperfectas y malformadas de mi intención, ilusiones una tras otra de lo que quería, pero siempre falsas. Mi obsesión pasó a interferir con mi vida: llegaba a mi casa ansioso por acostarme, quería dormir y en mis sueños poder encontrar esa paz que nunca había tenido en mi vida, buscaba e investigaba respecto a cada uno de mis sueños, pero siempre el resultado era confuso. Quería provocarlo, quería a como diera lugar volver a soñar con él y con su destello que me hacía sentir completo y así seguí por varias noches.


Cuando buscas algo desesperadamente todo lo demás pierde importancia. Mi vida fuera de los sueños era sólo el tedio de no estar buscando lo que quería y lo que necesitaba. Siempre he sido alguien muy solitario, mi ausencia no molestaba a nadie y soy alguien fácil de olvidar, así que sencillamente podía desaparecer y nadie lo notaria; pero en mis sueños yo era el centro de todo, todo tenia que ver conmigo y por lo menos en mis sueños tenía un objetivo, una meta: quería encontrarlo.


Hubo un sueño que recuerdo claramente, que me hizo pensar en cómo debería ser mi vida y pensar qué camino estoy tomando; despertaba y era de día, el techo no era el techo de mi habitación, el aire y el ambiente eran para mí completamente desconocidos.
Levanté una mano para pararme de la cama y pude fijarme en que no era mi mano, ese no era mi cuerpo; a mi lado dormía tranquila una mujer hermosa, de edad adulta pero que nunca había visto. No me sorprendía en lo más mínimo, yo no controlaba las acciones en este cuerpo, yo era solo un espectador en primera persona de todo lo que sucedía; la habitación donde me encontraba era grande y espaciosa, entraba el aire y tenía una vista increíble de un barrio al parecer lujoso, era como se suponía que debería ser; estaba decorada con un estilo que me gusta definir como hogareño-barroco, ya que todo estaba sobrecargado de recuerdos familiares y fotografías de una familia feliz en toda clase de situaciones con sus grandes sonrisas adornando sus perfectos rostros, como se suponía que debía ser. El cuerpo salió de la habitación y a manera de ritual matutino se dirigió al baño y se duchó. No me sentía ni asustado ni sorprendido, era como si ya supiera todo lo que iba a hacer este cuerpo voluntarioso en el que me encontraba; pude ver cuando se miró en el espejo que una enorme sonrisa de oreja a oreja adornaba su rostro; salió y volvió a la habitación a cambiarse mientras esa mujer que se encontraba en su cuarto se levantó dejando ver en su rostro una expresión de plenitud y empezó a hablarle suavemente al cuerpo; éste sólo la miraba y asentía mientras se colocaba cuidadosamente su ropa.

La sensación que causaba la sonrisa se intensificó, podía sentir el estiramiento forzado de la piel; salió de la habitación y caminó por el pasillo que llevaba a las escaleras. Todo en la casa tenia esta estética sobrecargada de intención familiar y perfecta, el olor del aire era suave y se podía notar el aroma floral producto de la limpieza exhaustiva y diaria de la casa, como se supone que debe ser. Había dos niños jugando en la sala, una niña y un niño un poco mayor; apenas vieron al cuerpo con su sonrisa se lanzaron encima de él, abrazando lo que sus pequeños brazos les permitían. La sensación se hizo exageradamente fuerte, la sonrisa empezaba a ser dolorosa, sentía la carne entumecida a punto de desgarrarse; si yo hubiese tenido control sobre ese cuerpo habría intentando arrancarme los labios, era insoportable, yo no podía oír lo que sucedía alrededor, sólo sentía las sensaciones que el cuerpo sentía. La niña llorando le dijo algo al cuerpo, éste puso su mano sobre su cabeza y sentí cómo los labios del cuerpo se movían y por el entrar y salir de las pequeñas corrientes de aire en la boca supe que decían "tranquila todo está bien, fue sólo un sueño, yo jamás me iré de su lado...". En ese momento la sensación estalló: sentía como si dos ganchos metálicos llevaran las comisuras de mis labios hasta la parte posterior de la nuca, el calor de la carne estirada por esa horrible sonrisa era como quemarse con ácido, me tenía al borde del desespero, quería irme, quería dejar de sonreír, pero todo era como se suponía que debe ser, todo era perfecto. El cuerpo salió de la casa y afuera todo era estéticamente agradable, las calles eran limpias y los jardines tanto de esa casa como las aledañas eran hermosos; el cuerpo caminó hacia un rosal de su propio jardín, tomó una rosa entre sus manos y sonrió aún más; esta vez creí que moriría, sentía los músculos de las mejillas desgarrándose y rompiéndose uno a uno, sentía que corría la sangre y se mezclaba con la saliva de la boca, se deslizaba suavemente por el mentón y de nuevo todo era ardor, un ardor ácido y mórbido, todo empezó a vibrar, sentía que quería destruir todo lo hermoso que había visto atrás, todo lo que era como se supone que debe ser, ya no quería más que aplastar la rosa entre mis manos, quería dejar de sonreír, nada más, quería romper con mis manos cada cuadro de la familia feliz que nunca tuve, de los momentos hermosos que jamás podré hacer sentir, de aquellos bellos paisajes que jamás conoceré, quería quemar con cigarrillos encendidos las hermosas manos de los hermosos niños que jamás podré criar, quería respirar humo.


Desperté aún con intenciones en mis manos, me invadió una repugnancia por las sonrisas fingidas, por las personas que piensan en tener una hermosa pareja, una hermosa familia, en la realización del hogar que nunca han tenido, sólo porque eso es lo que se supone que se debe tener: se supone que debemos amar a nuestras parejas, se supone que deberíamos ser felices con nuestros hijos, se supone que nuestros jardines llenos de flores deberían parecernos hermosos, y se supone que debemos sonreír si tenemos todo esto. Durante días no pude pensar en ninguna otra cosa.



2 comentarios:

  1. Clasica situación de actividades sexuales con drogas incluidas...
    Y deseos reprimidos...
    Es bonito, sospecho que a la mayoria de hombres en la maduracionada nos pasa :P

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  2. O.o ke bonito :)
    Sin palabras, m gusta como escribes :P xau mis felicitaciones x)

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